Internacional. Una investigación realizada por un equipo del Instituto de Tecnología de Karlsruhe (KIT) y la Universidad de Toronto plantea convertir los equipos de aire acondicionado, que además de cumplir con su función principal, también capturen CO2 y lo conviertan en combustible.
Los investigadores explican que sería suficiente aplicar a los aires condicionados un filtro que capture el dióxido de carbono y la humedad del aire exterior, además de un electrolizador que descomponga las moléculas de agua para obtener hidrógeno. Combinando las moléculas así obtenidas con el CO2 capturado de la atmósfera, sería posible obtener combustibles hidrocarburos. El resultado: ‘pozos de petróleo sintético’ personalizados, ubicados y distribuidos en edificios o barrios, aseguran los científicos.
Los investigadores han calculado que si la tecnología se aplicara a edificios como la Torre de la Feria de Frankfurt, se podrían capturar hasta 1,5 toneladas de CO2 por hora. Y producir hasta 4.000 toneladas de combustible al año. Mientras que un edificio de entre cinco y seis apartamentos podría capturar hasta medio kilo de dióxido de carbono cada hora. Así, agrupando todas las oficinas de Frankfurt se podrían producir más de 370.000 toneladas de combustible al año.
Los científicos alemanes están trabajando en una planta piloto a escala, capaz de producir diez litros de combustible al día. Su idea es multiplicar esa cuota por 20 veces en los próximos dos años. Los combustibles obtenidos podrían reutilizarse para alimentar vehículos que actualmente son difíciles de convertir al sistema eléctrico en el transporte y la industria. Es el caso de aviones, buques de carga, grandes camiones y plantas para la producción de acero u hormigón.
Lo cierto es que esta solución no resuelve directamente el problema de la transición energética, ya que produce combustibles cuya combustión genera emisiones contaminantes. Pero representa un avance interesante con respecto a la captura del CO2. La ventaja en comparación con la tecnología de captura y almacenamiento del dióxido de carbono (CCS, por sus siglas en inglés) es la capacidad de producir un activo comercializable. Y, por tanto, crear un mercado que pueda financiar su difusión.
Técnicamente todos los acondicionadores podrían producir combustible sintético. Además, gran parte de la tecnología necesaria ya está disponible. Y la descentralización de la producción sería particularmente atractiva para países poco desarrollados o con escasos recursos fósiles. Los combustibles resultantes de este proceso podrían llenar los vacíos que dejan las fuentes renovables intermitentes, como la energía eólica y solar.
No obstante, los propios investigadores reconocen que para que el proceso sea sostenible a gran escala, los aires acondicionados deberían alimentarse mayoritariamente de fuentes renovables. Y precisamente las necesidades y oportunidades de la economía de escala representan uno de los principales obstáculos para la evolución de proyectos como este. La ilusión de tener en cada hogar una pequeña turbina eólica doméstica nunca se ha hecho realidad, ni se hará.
Varios expertos avisan de que los materiales absorbentes a los que se adhiere el dióxido de carbono harían que estos dispositivos resultaran demasiado caros para un particular. Además, los gases involucrados (monóxido de carbono e hidrógeno) son tóxicos y explosivos. Demasiado peligrosos para dejar que los maneje el vecino de al lado. Finalmente, la idea del ‘pozo de petróleo personal’ resulta poco creíble.
Dicho esto, el clima cambia, ha cambiado y cambiará. Encontrar una alternativa sostenible a la proliferación indiscriminada de sistemas de aire acondicionado es vital. Lo más eficaz sería inspirarse en el concepto de resiliencia y mejorar el aislamiento térmico de los edificios. Sin embargo, mientras lo decimos, tal vez estemos sopesando la posibilidad de unas vacaciones en Dubai. Un desierto donde puedes esquiar en un centro comercial.
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Fuente: nobbot.