«Un articulo que no se estropea es una tragedia para los negocios». Esta máxima, desasosegante para consumidores con capacidad adquisitiva limitada (la mayoría), apareció en una revista de publicidad en 1928. Curiosamente, esta sentencia no ha caducado: lleva más de 80 años siendo el lema sobre el que se sustenta el sistema de producción capitalista, y la razón que explica por qué grandes empresas pactaron que productos tan comunes como la bombilla eléctrica, las medias de nailon o las actuales impresoras se diseñen para romperse, tras un tiempo de uso.
Authors: TECNOSOSTENIBLE - Ingenieria del confort y la eficiencia energetica