Por: Alfredo Sotolongo*
En esta columna de opinión me quiero referir al término que está de moda en América Latina: sustentable; que se puede definir, entre otras formas, como el patrón de recursos que se usan para satisfacer las necesidades humanas mientras que se preserva el medio ambiente. He tratado de entender el origen del término y su aplicación y después de mucho preguntar, terminé refugiándome en el diccionario y en distintos artículos sobre el tema.
El recorrido histórico
El término parte de los problemas socio económicos que encara el mundo y se originó cuando el 11 de diciembre de 1987 la Primer Ministra de Noruega, Gro Brundtland, presentó en la Sesión Plenaria de la Organización de las Naciones Unidas un informe llamado “Nuestro Futuro Común” (Our Common Future) en el cual presentó el concepto “Desarrollo Sostenible” (Sustainable Development).
Este término se entiende como la utilización de las herramientas disponibles para satisfacer las necesidades sociales, ecológicas y económicas del presente sin que se comprometa la habilidad de futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades.
El 2 de junio de 1992 se llevó a cabo en Río de Janeiro, organizada por las Naciones Unidas, la primera Cumbre de la Tierra. En paralelo con ésta, grupos de investigadores y académicos convocaron a otra reunión donde se presentaron diversos trabajos y en la que grupos de arquitectos inquietos con la conservación del medio ambiente tuvieron una participación importante. De aquí surge la Arquitectura Sustentable. ¿Qué se entiende por Arquitectura Sustentable? Se hace referencia al diseño arquitectónico que busca la utilización de los recursos naturales para minimizar de forma responsable el impacto en el medio ambiente.
Este término se hace tan popular que tengo entendido que la Real Academia Española acepta traducir la palabra en inglés “sustainable” como “sostenible” en español. Aunque en España entiendo que se publican trabajos utilizando ese término, en América Latina han adoptado “sustentable”.
Desde mucho antes de que este término se usara, los arquitectos, para los cuales muchos en nuestra industria les prestan sus servicios profesionales, siempre han tratado de maximizar lo que la naturaleza nos brinda: luz, ventilación, etc. Conciben sus edificios de forma tal que utilizan la luz solar al máximo, ventilan para refrescar el ambiente y reducen la calefacción artificial. La conciencia sobre la utilización de lo que la naturaleza nos brinda me parece que es parte de la genética de la mayoría de los arquitectos.
Cada día que pasa se arraiga con más fuerza el concepto de la arquitectura sustentable, en lo que lo ideal es localizar los edificios comerciales en lugares donde se maximice la utilización de lo que la naturaleza nos regala, se utilicen materiales que en su fabricación se consuma la menor cantidad de energía o que se reciclen y esto representa un reto para los arquitectos.
Este reto es producto de que los inversionistas necesitan hacer inversiones rentables, localizando sus edificios en donde el costo de la tierra sea más atractivo, el acceso para los usuarios sea fácil, el costo de los materiales razonable, etc. Es aquí donde entran a jugar un papel importante las disciplinas de la ingeniería para concebir las estructuras, sistemas eléctricos y mecánicos que sirven a dichos edificios de forma tal que permitan llevar a cabo, de una forma práctica y realista, las ideas de los arquitectos y a la vez satisfacer las necesidades del inversionista.
Desde antes que me graduara en 1967, cuando hacía trabajos mientras estudiaba, me di cuenta de que en nuestra industria de la aplicación mecánica, ya desde aquella época los ingenieros que diseñaban trataban de aplicar sistemas que representaran un ahorro en el consumo de energía, manteniendo lo más bajo posible el costo inicial y además, ofreciendo confort a los ocupantes. Definitivamente, aunque el término es nuevo, el concepto no lo es.
Es importante entender que todo en esta vida debe mantener un balance, si bien es de suma importancia la protección del medio ambiente para que las futuras generaciones puedan beneficiarse de los mismos recursos para satisfacer sus necesidades, también debemos concebir estructuras donde la inversión inicial y su costo de operación no lleven al fracaso a los inversionistas. Si los inversionistas piensan que al invertir en el desarrollo de edificios muy sustentables están corriendo riesgo de perder sus inversiones ya que estos no son rentables, entonces en vez de poner su dinero a circular en la economía lo dejan en inversiones pasivas donde no se benefician ni los arquitectos, ni los ingenieros, ni el país.
Referencias:
Naciones Unidas – Reporte de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y Wikipedia.
*Sobre el autor
El ingeniero Alfredo Sotolongo, presidente de Protec, Inc., está certificado como ingeniero profesional en Puerto Rico y en el Estado de la Florida; tiene más de 40 años de experiencia en la aplicación y venta de sistemas y equipos para la conservación de energía. Es miembro de ASME (American Society of Mechanical Engineers), AEE (Association of Energy Engineers), con quien está certificado como Ingeniero en Administración de Energía; es también miembro de ASHRAE y fue presidente del capítulo Miami de dicha asociación. Ha presentado también numerosas charlas sobre el tema de conservación de energía.